Por Juan Butvilofsky
El peor referí del país para el partido más trascendente del año. Esta realidad irrefutable lo explica todo. Ni Vélez, el campeón, ni Huracán, el equipo que más simpatía despertó, se merecían al bochornoso Gabriel Brazenas, uno de los tantos jueces criollos que de tan malos parecen corruptos, hijo de la fábrica de sospechosos de Don Julio Humberto Grondona, el Colegio de Árbitros del fútbol argentino. Es cierto que fue la suerte la que lo coló en este duelo, tanto como la verdad que hay que denunciar a gritos: ¿A quién se le ocurrió que el nombre de este señor tenía que ingresar al bolillero de la elite de nuestros pitos?... Las acciones polémicas, o no tan polémicas, ya son anécdotas; nada ni nadie va a modificar el resultado del juego. Lo escandaloso es que esta involución que hasta se llevó puesto a Horacio Elizondo, el hombre de negro de la última final de la Copa del Mundo, no haya provocado la renuncia de Jorge Romo, un amigo de Grondona a cargo del referato argentino... La tristeza que hoy padecen los hinchas del "Globo", sin lugar a dudas, será emoción en el futuro. Este elenco de Ángel Cappa será tan recordado como el granítico combinado de Ricardo Gareca, o tal vez más, como aquella Holanda romántica, la de los subtítulos... Felicitaciones al Club Atlético Vélez Sársfield, el nuevo monarca vernáculo. Aplausos para el Club Atlético Huracán, por confirmar que la leyenda no tenía nada de mito. Y un minuto de silencio para la "AFA", un grupo de oscuros personajes del pasado que no se ponen colorados ni siquiera hoy, después de haber presenciado lo que todos vimos.